Retrato de Pedro Humberto Allende

Vidor

El retrato del músico Allende, refleja la profunda amistad que unía a ambos artistas desde la década del 20. Pablo Vidor, quien desde que llegó a Chile fue conocido por su capacidad como retratista, decidió regalar esta pieza a su amigo músico, en la cual no escatimó en su labor plástica para representarlo. Al igual que en la mayoría de los retratos de Vidor, hay un sólido régimen formal que, como explica Antonio Romera, conforma “primero el armazón, lo que es sustantivo; después lo secundario. Primero lo permanente; después lo accidental” (Romera, 1951, p. 193). Vemos un régimen donde los planos son muy elaborados y cuidadosamente distribuidos en relación con la posición de las manos y el rostro, interactuando de tal modo que las partes del conjunto refieren unas a otras sin que la figura pierda unidad.

De un cromatismo sintético, Vidor nunca trabajó con una paleta vibrante. Por el contrario, privilegió las escalas de ocres y grises, lo que está claramente realizado en el Retrato de Pedro Humberto Allende. La figura se recorta sobre el fondo y la iluminación uniforme genera una atmósfera que subraya el ademán de la pose y el gesto distante, algo irónico incluso, del retratado. Como los grandes retratistas del siglo XVI Vidor no abusa del claroscuro, pero al mismo tiempo no renuncia a los contrastes modulados que hacen posible dar relieve a la figura y la personalidad de Allende sin que la obra pierda la unidad constructiva del cuadro. Una novedad en la práctica local de este género pictórico, puesto que el retrato arrastra una tradición tanto más larga que las naturalezas muertas o el paisaje.

Matías Allende, Catálogo Razonado MAC, 2017.