Hace un año el artista Felipe Pineda y la curadora Ayelén Ruiz se trasladaron a Europa al mismo tiempo. Esto, dio lugar a una investigación compartida en torno a dos ejes profundamente conectados.
Por un lado, estudiaron el gesto y el cuerpo como formas de comunicación cuando el idioma no es compartido o resulta insuficiente; por otro, analizaron los gestos presentes en las esculturas clásicas y en la señalética de los museos tradicionales de Europa, entendidos como dispositivos que organizan el comportamiento y transmiten una visión específica a quien observa. En ambos casos, la gestualidad opera como una lengua de emergencia, aparentemente accesible a todos, pero cargada de convenciones y jerarquías.
Atravesados por la experiencia migratoria, Felipe y Ayelén enfrentaron nuevos lenguajes, costumbres y culturas que exceden lo verbal. Desde esta perspectiva, el gesto y la corporalidad se vuelven herramientas fundamentales de comunicación, especialmente en contextos de desplazamiento o aprendizaje de un nuevo idioma. Este recorrido, explican, dialoga con una segunda línea de investigación centrada en las normas y señales de las instituciones artísticas del Norte Global. Es así como la exposición es atravesada por preguntas como ¿por qué no se puede tocar? o ¿cómo se espera que comprendamos algo sin una experiencia corporal directa?